Sunday, November 15, 2009

Accidentes y advertencias

20060809 St Marys Island 58a

No creo que aprenda a bucear, me da susto. Sé lo de las probabilidades, que también es riesgoso cruzar la calle, lo sé. Pero aún sabiendo todo eso, no lo haría, me conformo con mojarme las píes y chapotear en la orilla de una playa segura, una de esas con salvavidas a la vista y con harta gente en el agua. ¿Por qué? Tengo dos buenas razones.

Primero, porque cuando era estudiante, un día recibí una llamada de una amiga, quién, entre llantos, me contó que ese mismo día un amigo mutuo había estado buceando en un lago cuando su equipo de oxígeno sufrió una falla repentina. Había estado acompañado cuando pasó, y si no hubiera sido por la profundidad del agua y por el peso de su cuerpo con su equipo de buceo, su compañero lo habría llevado a la superficie a tiempo para salvarlo. Eso pasó en la temporada de exámenes y la combinación del accidente y el ambiente estresante fue potente. Pocos días después sufrí un ataque de úlceras que me hizo perder tanta sangre que caí desmayado en mi departamento. Por suerte mi compañero de piso estaba cuando ocurrió y llamó a la ambulancia. Me llevaron al hospital donde me aplicaron una transfusión de sangre. Me quedé hospitalizado como cinco días y me perdí el funeral de mi amigo.

Segundo, porque hace algunos años, cuando estaba de vacaciones en el norte de Inglaterra, vi a cuatro personas entrar al mar vestidas con trajes de goma – iban a bucear. Andaba con mi familia cuando vimos como empezaron a caminar por un camino elevado a la isla del faro, un camino que la marea había dejado casi totalmente sumergido. El mar estaba bravo y mi mamá exclamó con preocupación que le parecía riesgoso lo que estaban haciendo. En pocos momentos vi que tenía razón, porque las personas ya no estaban a pie, estaban flotando en el mar y la corriente estaba llevando algunas aparte de las otras, hacía el mar abierto. Sonaban gritos. Preguntamos a las otras personas y alguien ya había llamado a la guardia marina. Un helicóptero y una lancha llegaron y empezaron la operación de rescate. Una de las personas había logrado ponerse de pie nuevamente y salió del mar caminando sólo. El equipo en la lancha rescató a otras dos personas, quienes salieron del mar abrazándose y llorando. Al día siguiente, leí en el diario acerca del paradero de la cuarta persona. Cuando la habían encontrado los guardias marinas, había estado en el mar más de una hora. A pesar de todos los esfuerzos del equipo de rescate y del equipo médico, había fallecido unas horas después en el hospital.

No creo que yo sea excesivamente adverso a los riesgos, no más que otras personas. Aunque no me gusten los vuelos, los tomo. Hasta he volado en un planeador. Pero bucear, para mí, sería como extender la mano a un perro rabioso sabiendo que muerde cada vez que puede.